jueves, 19 de junio de 2008

Sospechosos




SOSPECHOSOS

Los escritores somos sospechosos. Sospechosos de querer superar la insuperable realidad con la ficción. Sospechosos de exhibir impúdicamente nuestras vidas, de airear los sueños semiocultos en un verso, de lanzar mensajes entre líneas. Sospechosos de vivir dos vidas paralelas, de contar intimidades de los otros, la verdad descarnada, lo impronunciable, de camuflarlo bajo una metáfora o un nombre falso, de tratar de ser la voz del silenciado, de mentir o confesar en nuestros libros. De hacer de tu vida una novela, de nuestra vida un espejo roto, de la memoria un álbum incompleto, un libro viejo.

Sospechosos de querer enmascarar con la palabra, de presentar la cruda realidad con una frase, de ser políticamente incorrectos o correctos, de querer agradar o ser osados. Sospechosos de todo esto y su contrario. Los poetas somos sospechosos de vivir un mundo triste, de ser enigmáticos, crípticos, oscuros, abanderados de una causa ya perdida. Para los desconocedores de la poesía (que aún piensan que un poema siempre rima), somos sospechosos de ser cursis, de estar locos, de ser bohemios o ser raros. Para ellos los poetas somos sospechosos de hacer algo que no sirve para nada -como si la utilidad de algo lo hiciese más valioso, necesario o más bello- de dedicar el preciado tiempo a banalidades poéticas, a cosa nimias, a nada serio. Los que escribimos nos convertimos inmediatamente en sospechosos si ganamos premios, si escribimos mucho en poco tiempo, si no escribimos nada en muchos años.

También nos amenaza la sospecha de egoísmo, de alzar nuestra voz sobre las otras, de espantar nuestros fantasmas en un libro, de vivir para escribir o de escribir para vivir, de transgredir con la palabra, con el verso y el relato, de dejar nuestra huella en una página. Los escritores somos sospechosos de querer dejar nuestros textos en todas partes, para que vivan por nosotros si no estamos. De ser adictos al juego de la palabra, de preferir un libro a muchas cosas, de decir mucho, poco o no decir nada, y de sospechosos se nos convierte en acusados.

Algunos escritores piensan que los que escribimos somos sospechosos de envidiarnos, que los poetas vanidosos son los otros, que hay que vivir muchos años y sufrir mucho para reflejar nuestra vida en unos versos, que la vida te trate mal y todos lo vean. Que el poeta nace, no se hace, pero que el poeta crece a cada paso. La poesía viene cuando quiere, el que escribe sólo la espera, y cuando llega reflexiona con ella, detiene el tiempo, se rebela, se descubre y se interroga.

El que escribe se deja la vida entre las líneas, se deja la piel entre los libros por guiar a los demás hasta su casa, pero a veces se queda en el camino. El escritor vive muchas vidas, es portavoz y sospechoso, y el que lee es cómplice de todo, sospechoso como él al fin y al cabo.

La poesía es un viaje de ida y vuelta: viaja conmigo a alguna parte, vuelve contigo y viceversa.



http://www.lne.es/secciones/noticia.jsp?pRef=2008061900_52_648426__Opinion-Sospechosos

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Bajo la mirada del sol
difusa, casi sin estar
me llegan como prestadas
las conversaciones a mi alrededor
y las frases ajenas viajan
tímidas y confundidas
hacia mis oídos
disfrazadas por la brisa salada.
Y mis labios sonríen
mientras mi boca juega
con el hueso de una aceituna.

Firmado: una sospechosa.

Miradas dijo...

Es un placer leerte. He descubierto estos días unos blog maravillosos, uno de ellos es el tuyo. He llegado a este a través del de Esperanza Medina y no he podido evitar salir del anonimato para felicitarte.
Enhorabuena.
Un cordial saludo

Guillermo Díaz Ceballos. dijo...

Cojonudo texto, querida sospechosa!

Natalia Menéndez dijo...

¡gracias! suerte en lo que te viene encima el día 1, y que disfrutes de la poesía del partido, ja,ja

cuchhhi dijo...

precoso!